CHILE EN EL SIGLO XIX: DESARROLLO POLÍTICO Y ECONÓMICO HASTA 1886

13 10 2008

ANTECEDENTES HISTORICOS

 

Blakemore, Harold, Gobierno chileno y salitre inglés, 1886-1896: Balmaceda y North, Editorial Andrés Bello, Santiago, Chile, 1977. pp. 11-24

 

En el siglo diecinueve, de todos los estados de Latinoamérica que habían formado parte del imperio español, Chile gozaba de una reputación única en su género por su orden institucional y su paz interna. Los primeros años de la independencia fueron bastante turbulentos, y Chile no escapó a la experiencia común del continente ‑violencia militar, discontinuidad administrativa y luchas intestinas‑ en ese período de efervescencia política. La batalla de Lircay en 1830 marcó el comienzo de una nueva. Era en la historia de la república. En ese año la lucha armada de conservadores y liberales, de centralistas con federalistas, y de caudillo con caudillo, dio lugar a un período de gobierno conservador bajo la égida de Diego Portales, el virtual dictador de Chile.[1]

 

Portales fue el principal responsable del establecimiento en Chile de un sistema constitucional, que permaneció fundamentalmente inalterado por más de medio siglo, y al cual Chile debió años más tarde su reputación internacional como “la República modelo de Sudamérica”[2]. Sin embargo, la visión publica de un hombre o de un grupo de hombres habría servido de poco por sí misma, ya que las circunstancias geográficas y sociales ayudaron a resolver los problemas de organización política.

 

Chile era un país isla, limitado hacia el este por los Andes y hacia el oeste por el Océano Pacífico, mientras que hacia el norte el desierto de Atacama le daba la frontera más natural, aunque mal definida. Hacia el sur, el río Toltén marcaba el límite de colonización y, hacia el interior, los bosques tupidos habitados sólo por indios araucanos. Entre Copiapó, al borde del desierto del norte, y Valdivia y Osorno, a la orilla del área boscosa del sur, se encontraba el valle central, de unos mil cien kilómetros de largo, aunque en pocas partes de más de ciento sesenta kilómetros de ancho, bendecido con un clima mediterráneo y una conformación física variada: valles fértiles, laderas boscosas y ríos de agua frescas surgiendo de la cordillera nevada. Esta región central claramente definida era el verdadero Chile y ha permanecido como el núcleo vital de la nación hasta hoy día. [3]

 

La sociedad de esta zona era rural. El hacendado, dueño de grandes fincas gobernaba el campo, mientras el campesinado trabajaba duramente, desde la época colonial hasta el siglo veinte, Chile, podía describirse esencialmente como una sociedad agraria única en su género, caracterizada por un extremado monopolio de la tierra una estratificación social muy marcada.[4] Sólo a fines del siglo diecinueve, la aparición de las nuevas clases urbana e industrial comenzó a borrar la línea de división tajante entre amo y sirviente. Es esta distinción rígida la que le dio su carácter a la nación; la aristocracia gobernaba la vida nacional en todos sus aspectos mientras el campesinado iletrado obedecía. No obstante, la unidad social y económica del fundo, la gran hacienda, y el sistema social que creaba fue una gran fuerza para la estabilidad y lo mismo sucedió con la estructura racial del país. El alto grado de fusión entre blanco e indio, que prosiguió a través de todo el período colonial, había eliminado virtualmente en la época de la independencia a las razas aborígenes, dejando una estructura de dos grupos, una minoría dominante, predominantemente blanca y que contaba en 1810 con alrededor de 150.000 personas, y unos 350.000 mestizos, una fusión de razas en la cual predominaba la ascendencia española y no la india.

 

Portales puso término a los años de anarquía que vinieron a continuación de las guerras de la independencia a comienzos de la década de 1830. Aplastando el militarismo y por medio dé una política de represión severa pero necesaria, reforzada por el ejercicio de poderes extraordinarios, Portales creó las condiciones de orden intento dentro del cual pudo promulgarse la Constitución de 1833[5]. Esta Constitución fue la imagen política de la estructura social, ajustada perfectamente al estado cultural y económico y a las necesidades reales de la sociedad”.[6] Restringió el sufragio a los chilenos que sabían leer y escribir, dueños de una propiedad o con capital invertido avaluado en una cifra específica fijada por ley periódicamente, y proclamó ciertos principios fundamentales que teóricamente eran aplicables a todos: igualdad ante la ley, igual derecho a ocupar un cargo público, derecho de petición y de libertad de prensa. [7]

 

Se estableció una legislatura bicameral, con un Congreso de Diputados y Senadores; los primeros elegidos por voto directo de los departamentos locales, los segundos por voto indirecto; los diputados eran elegidos por un período de tres años y los senadores de nueve, luego se renovaba un tercio del Senado cada tres años. El Congreso asesoraba al ejecutivo en la preparación de las leyes; sus poderes principales, sin embargo, eran la aprobación del presupuesto y la concesión de poderes extraordinarios al ejecutivo en casos específicos, lo que de hecho constituía una suspensión temporal de la Constitución”. [8]

 

Pero los poderes más importantes eran conferidos al ejecutivo, el Presidente. Elegido indirectamente, como el Senado, el Presidente ocupaba su cargo durante cinco años y era reelegible inmediatamente por un período más. Su autoridad era enorme. Controlaba virtualmente los tribunales y la administración tanto central como local; era comandante en jefe de las fuerzas armadas; designaba sus propios ministros y los despedía a voluntad; hacia recomendaciones a la autoridad eclesiástica. Los intendentes y gobernadores que asumían el gobierno local y la administración provincial eran sus representantes directos, responsables sólo ante él. Los ministros, en realidad secretarios, asistían al Presidente; eran tres en 1833 y seis hacia 1890. El Presidente, además, contaba con el Consejo de Estado, que actuaba con carácter consultivo, y cuyos miembros elegía él mismo de una lista especial. [9]

 

El ejercicio superior del poder judicial residía en un tribunal supremo cuyos miembros los nombraba el Presidente de ternas preparadas por el Consejo de Estado. Ni el Presidente ni el Congreso tenían funciones judiciales. [10]

 

Una característica peculiar de la Constitución era la Comisión Conservadora. Se fijaban las sesiones ordinarias del Congreso entre el 1 de junio y el 1 de septiembre; después de esta fecha la legislatura entraba en receso hasta que el Presidente convocara a sesiones extraordinarias. Sin embargo, para asesorarlo en materias constitucionales durante el receso, el Senado elegía siete senadores el último día de sesión ordinaria: éstos constituían la Comisión Conservadora, la cual era responsable ante el Congreso. [11]

 

Las disposiciones generales de la Constitución eran particularmente notables por los artículos que declaraban que la educación general debería recibir una atención especial de parte del gobierno. [12]

 

La Constitución chilena de 1833, un documento extraordinario desde todo punto de vista fue, en una época de elaboración de constituciones, un ejemplo clásico de organización política que se avenía casi perfectamente con las circunstancias sociales imperantes: [13]

 

Como la burguesía de Francia y los padres de la Constitución Americana, los criollos… eran seres  humanos con intereses que proteger… Eran propietarios de la tierra y controlaban todas las instituciones productivas de Chile; Tenían poder de facto y lo querían de jure.. [14]

 

El sistema político así implantado era casi monárquico[15]; sustentado por una oligarquía del dinero, del talento del poder, dependía sobre todo de la solidaridad de la clase alta y de su capacidad ‑que demostró ser notable‑ para absorber otros elementos que podrían, más adelante, haber llegado a oponérsele. No obstante, el sistema funcionaba bien solamente mientras el ejecutivo representaba, y aparecía representando, los intereses de esa clase y así lo manifestaba. Es significativo que a través de todo el siglo diecinueve, a pesar de la existencia de grupos políticos antagónicos, de ideologías fundamentalmente divergentes y de conflictos de personalidad dentro de la aristocracia, se conservó  una unidad social subyacente.[16] Aunque las diferencia: podrían llegar a producir un conflicto armado, como en 1851 y nuevamente en 1859, ellas no alteraron radicalmente la estructura social del gobierno. Las instituciones fundadas para ampliar la base de representación, como la Sociedad de La Igualdad en 1850, modificaron el espíritu pero influyeron poco para cambiar la estructura del sistema constitucional. El Congreso siguió siendo: la asamblea de una clase gobernante, donde hombres con todas sus diferencias de opinión, se respetan entre sí, se reúnen y discuten sus intereses comunes con dignidad y habilidad. [17] Fue sólo mucho después en la historia de Chile, con el desarrollo de la industria y el incremento de las clases trabajadoras que no tenían lugar en la estructura social tradicional, cuando esta unidad se deterioró debido a la aparición de nuevos elementos de división política entre los hombres preparados para realizar los ajustes mentales esenciales para la comprensión de una sociedad que cambiaba, y los que no estaban preparados para ello. Hasta entonces no existían las condiciones para una alineación de partidos basada en problemas e intereses sociales y económicos. Los partidos políticos se basaban en creencias religiosas y constitucionales y en personalidades dentro de la clase gobernante. [18]

 

Los años desde 1830 a 1861 han sido descritos como la era de la “República Autocrática”, y desde 1861 a 1891, como la de la “República Liberal”. [19] Esta es una sobre simplificación de un proceso político complejo, pero denota el cambio que tuvo lugar en el espíritu del gobierno a mitad del siglo. Hasta 1857, dos partidos se mantuvieron en la escena política, el Conservador, el Liberal; el triunfo bélico del primero en 1830 le dio el poder durante veinticinco años. Pero la oposición liberal se recobró en la década de 1840 y comenzó a insistir en las reformas para debilitar la autoridad del ejecutivo y liberar el sufragio de la intervención gubernamental, Este fue un objetivo básico de todos los partidos opositores a través de todo el siglo. La Constitución otorgaba tales poderes al Presidente que éste podía regular las elecciones y así asegurar el apoyo adecuado del Congreso para sus planes de acción. También se estableció la práctica de que el Presidente que salía virtualmente escogiera a su propio sucesor y asegurara así su elección. Cada elección parlamentaria y presidencial que se efectuó en Chile antes 1891 fue seguida de una disputa áspera entre los partidarios de estos procedimientos, esto es, partidarios del gobierno y la oposición. [20]

 

La «República Autocrática” terminó en 1861. En 1857, el partido Conservador se dividió a raíz del problema de las relaciones entre la Iglesia y el Estado; el ala más clerical conservó el nombre de conservadores; los elementos más liberales, que apoyaban al Presidente Manuel Montt en sus exigencias por la supremacía del estado, se constituyeron finalmente como el Partido Nacional. [21] En el Partido Liberal hubo una división similar, aunque menos clara; los liberales moderados formaron un bando, y los liberales extremistas anticlericales, el otro, los que adoptaron el nombre de Partido Radical. Este fraccionamiento de los dos grandes partidos tradicionales en el hecho liberalizó el régimen, ya que el gobierno llegó a depender más de las alianzas políticas y coaliciones formadas por varias combinaciones de los distintos grupos.

 

Durante la presidencia de Federico Errázuriz Zañartu, 1871‑76, varias reformas modificaron el carácter autocrático de la Constitución. Estas fueron importantes, ya que su objetivo era un mayor control del Congreso sobre el Presidente. En 1871 se aprobó una enmienda para impedir la reelección de los presidentes al finalizar su Primer período. [22] Esto terminó con los decenios que se habían hecho costumbre desde 1831. En l874 el Consejo de Estado pasó a ser menos dependiente del Presidente y se facultó a la Comisión Conservadora para que solicitara al ejecutivo llamar a sesiones extraordinarias del Congreso cuando lo considerara apropiado. [23] Por otra parte, siete diputados formarían parte de la Comisión junto con los siete senadores estipulados en la constitución original. [24] Pero la reforma fundamental, la eliminación de la intervención del ejecutivo en las elecciones, aún seguía siendo el principal asunto pendiente entre el gobierno y la oposición. Paralelamente a este movimiento para reformar la constitución existía un movimiento de reforma religiosa que llegó al punto decisivo con el Presidente Domingo Santa María, 1881‑86, cuando se establecieron los cementerios seculares, y el matrimonio y el registro civil. [25]

 

El sistema de gobierno ordenado y la evolución comparativamente pacífica de Chile desde 1830 en adelante permitieron el progreso material sobre la base de los recursos naturales del país, tanto agrícolas como minerales. [26] La historia de la economía chilena en el siglo diecinueve puede dividirse en dos períodos separados por la Guerra del Pacífico, 1879‑83. Después de la guerra, la economía de Chile estuvo estrechamente ligada al salitre; antes de ella, el comercio de exportación dependía en gran medida del cobre. Sin embargo, Chile era en realidad un país agrícola que se autoabastecía de la mayoría de los productos alimentarios, y que contó con un considerable comercio de exportación de trigo durante todo el siglo. [27] Pero el mercado de productos agrícolas era básicamente interno ‑con la sola excepción del trigo‑; la fuerza del comercio de exportación chileno provino más bien de las minas que de la agricultura.

 

Antes de la Guerra del Pacífico los principales recursos minerales eran el carbón, la plata y el cobre. El carbón se extraía principalmente en las provincias de Arauco y Concepción, y fueron capitalistas nacionales quienes desarrollaron la industria; pero la cantidad de carbón producida alcanzó a cubrir las necesidades internas sólo hasta la década de 1860 de allí en adelante, Chile tuvo que importar carbón. [28] La industria minera de la plata había sido importante durante la colonia, y el descubrimiento de nuevas vetas en las provincias de Atacama y Coquimbo a mediados del siglo diecinueve inició un nuevo período de explotación del mineral en el cual se formaron varias fortunas. [29] En 1870 esta industria recibió un nuevo estímulo con el descubrimiento de ricos minerales en Caracoles, en territorio reclamado tanto por Chile como por Bolivia, aunque se empleó capital chileno para su Extracción,

 

También se había extraído cobre en Atacama, Coquimbo en los tiempos del imperio español, pero en las décadas de 1840 y 1850 se produjo la gran expansión de la industria que permitió a Chile convertirse, durante un tiempo, en el principal exportador del mundo de este metal. [30] En 1860 por ejemplo, de un total de exportaciones de $ 25.451.179[31] las exportaciones de cobre fueron de $ 14.111.090. [32] En la década de 1880, sin embargo, debido a la rápida explotación de minas en los Estados Unidos y España, las «barras de Chile» dejaron de ser el modelo mundial para este metal, ya que Chile perdió su supremacía en el mercado mundial del cobre. No obstante, la explotación del mineral habla sido crucial para el progreso económico chileno, al estimular el desarrollo de otras industrias y proporcionar, a través de impuestos de exportación sobre los embarques de cobre, una proporción considerable de ingreso para las obras públicas del gobierno. En el período de 1830 a 1879 se vio el comienzo de la industria manufacturera: molinos, refinación del azúcar, fabricación de vidrio, fundiciones metalúrgicas y otras industrias locales. [33] También se vio una expansión notable de las comunicaciones. Entre 1849 y 1852 se construyó el primer ferrocarril en Chile, que unía Caldera y Copiapó, y hacía 1863 la capital de la república, Santiago, se unió a través de una línea férrea con el principal puerto: Valparaíso.[34] William Wheelwright, un ciudadano norteamericano, construyó la línea telegráfica de Valparaíso a Santiago en 1851‑52; así se iniciaba un proceso que hacia 1876 se extendió a cuarenta y ocho ciudades de Chile, y puso al país en comunicación rápida con Argentina y Perú mediante, una línea a través de los Andes y un cable submarino bajo el Océano Pacífico. [35] Antes, en 1840, Whee1wright habla traído a Chile los beneficios de la navegación a vapor, cuando fundó la Pacific Steam Navigation Company, para establecer una línea de vapores de servicio regular entre Europa y las repúblicas sudamericanas de la costa del Pacífico. [36]

 

El crecimiento de la red ferroviaria y telegráfica, la construcción de caminos, escuelas y puentes, la formación de instituciones bancarias ‑otro factor importante de esos años‑, la aparición de las primeras sociedades anónimas, y muchos otros hechos fueron los cauces del crecimiento material de Chile antes de la Guerra del Pacífico”. [37] Y en varias de estas empresas los intereses empresarios extranjeros jugaron a menudo un papel importante; fueron atraídos a un país latinoamericano donde, como lo expresara un observador, los habitantes mostraban “una disposición natural» al «reposo y tranquilidad” y la “convicción de las inestimables ventajas derivadas de ellos.[38] Desde el periodo de la independencia, Chile buscó en el extranjero la experiencia que, según sus jefes le faltaba al país y a través de todo el siglo diecinueve, política chilena de inmigración estuvo abierta al flujo europeo. [39] A medida que transcurría el siglo la corriente de inmigración creció, y capitalistas tanto extranjeros como nacionales comenzaron a explotar los recursos naturales de Chile.

 

LA CONEXION ANGLO‑CHILENA[40]

 

De los grupos extranjeros establecidos en Chile, el más relevante, sin duda, fue el de los británicos. Los lazos comerciales no eran los únicos que unían amistosamente a las dos naciones; las conexiones navales eran también un elemento importante. Los ingleses habían desempeñado una función prominente en la dotación del personal de la primera marina chilena durante las guerras de la independencia, y al comandante de esta institución, Lord Cochrane, se le consideraba corno “uno de los fundadores de la República. [41] La marina chilena se modeló de acuerdo a la de Gran Bretaña y se estableció la costumbre de que los guardiamarinas hicieran su aprendizaje en los barcos de guerra británicos, una disposición que ayudó a estrechar la tradicional amistad que se mantenía desde los días borrascosos del período de la independencia. [42] Tras esta amistad estaba el convencimiento de los estadistas chilenos de que el poder del mar era de crucial importancia para su país, cuya frontera occidental la constituía enteramente la costa del Pacífico.

 

Más importantes, sin embargo, eran las relaciones comerciales entre los dos estados. Entre 1844 y 1898 el valor total de las importaciones provenientes de Gran Bretaña excedía el valor conjunto de las importaciones de Francia, Alemania y los Estados Unidos. [43] Los cimientos de la supremacía comercial británica se habían establecido en una fecha lejana. Hacia 1820, por lo menos doce firmas británicas habían fundado sucursales en Valparaíso. [44] Fue también en la primera década de la independencia cuando llegaron a Chile aquellos ingleses que se casaron dentro de la sociedad chilena y cuyos nombres se repiten a través de toda la historia posterior de la república. [45] En 1825 unos noventa buques británicos hicieron escala en Valparaíso, en comparación con setenta de Estados Unidos[46]; quince años más tarde esta cantidad había aumentado a 166 contra 56 de los Estados Unidos; 48 de Francia y 17 de Hamburgo.[47] Gran Bretaña y sus colonias se hicieron cargo de más del 50 por ciento de las exportaciones chilenas en 1860 y abastecieron el 33 por ciento de las importaciones de Chile, en tanto que en 1875 estas proporciones se habían elevado a 60 por ciento y casi 40 por ciento, respectivamente. [48]

 

Mientras crecía el comercio, también crecía el tamaño de la comunidad británica en Chile. La estimación hecha en 1824, de 1.000 a 3.000 súbditos británicos, solamente en Valparaíso, probablemente fue un poco exagerada,[49] pero en 1861 se calculó que en todo Chile había unos 4.000 ciudadanos británicos de los cuales casi 1.900 vivían en Valparaíso. [50] El censo de 1875 arrojó la cifra de 4.627 británicos en Chile. [51] La cantidad de ciudadanos de los Estados Unidos en Chile se mantuvo en menos de 1.000 durante todo el siglo, pero el número de otros europeos fue semejante al de los británicos. [52] Muchos eran colonos: a medida que la frontera avanzaba hacia el sur, inmigrantes, principalmente alemanes y suizos, colonizaron la región.[53] En los puertos, no obstante, y particularmente en Valparaíso, predominaba la influencia británica. Ya en 1818, un representante norteamericano había informado, que los ingleses en Chile eran “de tal modo importante en el comercio, en número, riqueza, etc., que la influencia y la participación norteamericana resultaban “muy inferiores”. [54]  Setenta años después, un defensor norteamericano del panamericanismo comercial y dinámico dirigido desde Washington se lamentaba que Valparaíso, con casi todo su comercio ejercido en libras esterlinas, su periódico inglés y el uso casi exclusivo del idioma inglés no era “sino una colonia inglesa” [55]

 

Sin embargo, a pesar de que la actividad comercial británica funcionaba en Chile desde hacía muchos años, Gran Bretaña sólo concedió pleno reconocimiento a la república en 1841, cuando a su cónsul general en Santiago se le otorgó el rango adicional de encargado de negocios.[56] El reconocimiento se postergó, aparentemente, por el incumplimiento de Chile, en los años de la década de 1820, de los pagos sobre los préstamos contraídos en Londres en 1822. [57] La situación se regularizó más adelante, en 1854, mediante un Tratado de Amistad, Comercio y Navegación entre los dos países.[58] En 1872 el representante inglés fue nombrado Ministro Residente y Cónsul General. [59] Detrás de estos signos formales de desarrollo comercial y de relaciones políticas entre Gran Bretaña y Chile estaba la actividad del comerciante, del mecánico, del industrial británico individual, que jugó un papel nada pequeño en el desarrollo del país.

 

De las casas comerciales británicas que se establecieron en Chile, la de Antony Gibbs e hijos llegó a ser la más importante. Estaba en funciones desde antes de la independencia de la América española realizando el comercio de las Indias Occidentales y también en España y Portugal.[60] Abrieron oficinas en Valparaíso y en Lima en 1822, y en Santiago en 1826 y, a medida que avanzó el siglo, se expandieron las oficinas y agencias de la firma no sólo por la costa del Pacifico, de Sudamérica, sino por todas las Américas y Australasia. Combinando el comercio de importación y exportación con la banca, los servicios de seguros y de abastecimiento, la Casa Gibbs jugaría un papel crucial en el desarrollo del comercio, tanto del guano como del salitre, los ricos fertilizantes naturales que tanto afectarían la historia económica de Perú y Chile. Un cuarto de siglo después que Gibbs se había establecido en Chile, tres escoceses, Alexander Balfour, Stephen Williamson y David Duncan, fundaron en Liverpool la sociedad de S, Williamson y Compañía, para embarcar productos a las costas occidentales de Sudamérica. [61] En 1851‑52, la firma se estableció en Valparaíso y el negocio se expandió durante la década de 1850, pero en 1863 se disolvió la sociedad por el retiro de Duncan, y el nombre de la casa en Valparaíso se cambió a Williamson, Balfour y Compañía. Como Gibbs, esta casa extendió su negocio a la costa occidental de Sudamérica y al resto del mundo, e igual que su predecesora, desempeñaría un papel importante en el negocio salitrero. En cuanto a Duncan, ayudó a fundar otro importante negocio británico con amplios intereses cuando en 1863 se asoció con H. F. Fox, para formar la Casa Duncan, Fox y Compañía. Este era socio de la firma Ravenscroft Brothers, la cual estaba establecida en Valparaíso desde 1843. [62]

 

Había, por supuesto, muchas otras empresas británicas que actuaron en Chile a mediados del siglo, algunas de ellas no menos conocidas y prósperas que las antes mencionadas. Algunos ejemplos deben bastar para ilustrar la magnitud de los intereses británicos. Durante el período 1840‑70 se invirtió una suma considerable de capital británico en el cobre chileno, siendo la Copiapó Mining Company (Compañía Minera de Copiapó) la firma más importante. [63] El cobre originó otras conexiones con Gran Bretaña, ya que los minerales eran embarcados a Swansea para fundirlos y en Chile, además, vivían varios mineros de Cornualles que habían sido contratados para trabajar en la industria. [64] Otra importante conexión comercial fue la importación de carbón de Inglaterra, que alcanzó hacia 1883 nueve décimos de la importación total de ese producto. [65]En 1805 el capital inglés se trasladó directamente y por primera vez a la minería del carbón en Chile con la fundación en Londres de la Compañía Arauco. [66] Los intereses agrícolas no se descuidaron; cuando en 1849‑53 la producción y exportación del trigo chileno recibió un gran estímulo como consecuencia de la fiebre del oro de California y Australia, repentinamente se formaron mercados que sólo Chile podía abastecer; entre los principales beneficiarios de este auge se encontraban las casas comercia les británicas de Chile, que construyeron modernos molinos en la parte sur del valle central. [67]

 

Los intereses económicos británicos en Chile eran, por lo tanto, ya considerables antes de la Guerra del Pacífico. [68] Después de la guerra, sin embargo, aumentaron enormemente. En primer lugar, al entrar a formar parte de Chile la rica provincia salitrera de Tarapacá, se abrieron nuevas perspectivas para el capital y la empresa británicos, y en segundo lugar, apareció en escena el personaje cuyo nombre llegó a ser sinónimo del salitre mismo: Juan Tomás North.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


[1] La literatura sobre él período de la independencia es abundantísima. Ideas and Polities of Chilean Independence 1808.1833, de Simón Collier (Cambridge University Press, 1967), proporciona un relato excelente y una bibliografía detallada. Versión española de esta obra “Ideas y Política de la Independencia de Chile”. (Ed. Andrés Bello, 1977

[2] The Times, 22 de abril de 1880.

[3] Para una descripción más detallada de la geografía chilena en su medio histórico, ver mi ensayo Latin América: Geographical Perspectives de Harold Blakeniore y Clifford T. Smith (eds.) (Londres, Methuen, 1971), pp. 475‑565.

[4] G. M. MeBride, Chile: Land and Society (Nueva York, American Geographical Society, 1936), p. 34.

[5] F. A. Encina, Historia de Chile (20 Vols., Santiago, 1940‑52), X, 443552, proporciona una descripción detallada de la dictadura de Portales.

[6] L. Galdamez, La Evolución Constitucional de Chile. 1810‑1825 (Santiago, 1926), p, 872.

 

[7] Constituci6n de la República de Chile, jurada y promulgada el 25 de mayo de 1833 (Santiago, 1833), artículos 1‑12, pp. 4‑8. 8

[8] Ibid., Artículos 13‑39, pp. 8‑16

[9] Ibid., Artículos 59‑107, y 115‑21, pp. 21‑34, 35‑7.

[10] lbid., Artículos 108.14, pp. 34‑5.

 

[11] Ibid., Artículo; 57‑8, p. 20

[12] Ibid., Artículo i 153‑4, p. 43.

[13] Ricardo Donoso, Las ideas políticas en Chile (2a. ed., Santiago, 1967), P. 85

[14] P  V. Shaw, The Early Constitutions of Chile, 1810‑1833 (Nueva York, 1930), p. 134.

[15] J, Eyzaguirre, Fisonomía Histórica de Chile (Santiago, 1948), p. 119.

[16] Una indicación interesante de esto es el hecho que, en contraste con otros estados latinoamericanos, exceptuando Brasil, el antagonismo político jamás alcanzó al punto de la exterminación física de los enemigos. A los opositores al gobierno, aun si tomaban las armas, generalmente se les exiliaba por algunos años, pero después se les permitía volver a la actividad política.

 

[17] Reinsch, ‘Tarliamentary Government in Chile”, American Polítical Scíence Review, I~II (1908‑9), p. 510. La comparación con el gobierno de la clase terrateniente del siglo dieciocho en Inglaterra es notable. Cf., sin embargo, el ensayo de A. Edwards Vives, La fronda aristocrática en Chile (Santiago, 1928), pássim

[18] Ver a A. Edwards Vives y E. Frei Montalva, Historia de, los partidos políticos chilenos (Santiago, 1949), pp. 11‑15.

[19] IgLas expresiones son de L. Caldarnes, A History af Chile (trad. y ed. por 1. J. Cox, Univ. de North Carolina Press, 1941).

 

[20] El relato más completo es de J. M. Irarrázaval, El Presidente Balmaceda (2 vols., Santiago, 1940), 1, pássim.

[21] Ver Encina, Historia de Chile, XII, 187‑273.

[22] Constitución Política de la República de Chile de 25 de mayo de 1833 con las reformas efectuadas hasta el 10 de agosto de 1888 (Santiago, 1888), artículo 11, p. 29.

[23] lbid., Artículo 93, pp. 43‑4, y artículo 49, pp. 27‑8.

[24] lbid., artículo 48, p. 27.

[25] Ver Encina, loc. cit., XVIII, 147.80.

[26] No hay una historia económica de Chile adecuada del siglo diecinueve, si bien Daniel Martner, Estudio de la política comercial chilena e historia económica nacional (2 vols., Santiago, 1923), y del mismo autor, Historia de Chile: Historia Económica (Santiago, 1929), son estudios útiles.

[27] En relación con esta materia, ver de S. Sepúlveda, “El trigo chileno en el mercado mundial”, Informaciones Geográficas (Santiago, Instituto Geográfico de la Universidad de Chile, 1959), año VI (1956), PP. 7.135.

[28] Ver P. P. Figueroa, Historia de la fundaci6n de la industria del carbón de piedra en Chile (Santiago, 1897), passim.

[29] Ver B. Vicuña Mackenna, El libro de la plata (Santiago, 1882), passim y el excelente estudio moderno, que también incluye al cobre, de L. R. Pederson, The Mining Industry of the Norte Chico, Chile (Evanston, III, Northwestem University Studies en Geography, NQ 11, 1966), passim.

[30]  Vicuña Mackenna, El libro del cobre y del carbón de piedra en Chile (Santiago, 1883), passim. F. M. Aracena, Apuntes de viaje. La industria del cobre en las provincias de Atacama i Coquimbo i los grandes í valiosos depósitos carboníferos de Lota i Coronel (Santiago, 1884), pp. 71 sgtes., Pedersen, loc. cit., pássim.

[31] Martner, Estudio de la política comercial, 1, 299. La tasa de cambio era entonces de 41% d. por peso,

[32] Martner, loc. cit., II, 307

[33] Ver J. F. Rippy y J. Pfeiffer, “Notes on the Dawn of Manufacturing in Chile”, Hispanic American Historical Review (de aquí en adelante HAHR), XXVIII (1948), pp. 292‑303.

[34] . F. Rippy, Latin America and the Industrial Age (Nueva York, 1944), pp. 24-5.

[35] Ver J. J. Johrison, Pioneer Telegraphy in Chile (Stanford UniversitY Press, 1948) passim

[36] Ver Claudio Véliz, Historia de la Marina Mercante de Chile (Santiago, 1961), pp. 67‑74. 

[37] Respecto a la banca, ver G. Subercaseaux, Monetary and  Banking Policy of Chile (Oxford, 1922), pp. 52 sgtes., y R. E. Santelices, Los  bancos chilenos (Santiago, 1893), passim. Sobre la Bolsa de  Valores, ver Luis Escobar Cerda, El Mercado de Valores (Santiago, 1959), pp. 44‑53

[38] Del cónsul general Walpole a Lord Palmerston, Santiago, 11 de septiembre de 1841. N” 30. Diplomático, Londres, Public Record Office, Foreign Office Archives, Chile (citado de aquí en adelante como F. 0.), 16-44.

[39] Bernardo O’Higgins, el héroe de la independencia, estuvo interesado en atraer inmigrantes europeos a Chile. Collier, Ideas and Poltcs, pp. 249‑50. Portales siguió una activa política de contratación de hombres de ciencia e intelectuales europeos y norteamericanos, de los cuales los más distinguidos fueron el francés Claudio Gay, el polaco Ignacio Domeyko, y el venezolano Andrés Bello. Ver Encina, Historia de Chile, XI, pássim. Los gobiernos siguientes continuaron esta política.

[40] Existe un amplio campo para un estudio interesante de esta relación. Lo que se presenta aquí es sólo una reseña.

[41] De A. Moritt a Lord Salisbury, Londres, 14 diciembre 1817. F. 0. 16/250. Domestic. Diplornatic. Ver también R. A. Humphreys, Liberation in South America, 1806‑1827 (Londres, 1952), pp. 74‑6, y D. E. Worcester, Sea‑Power and Chilean Independence (Cainesville, Fla., 1962), p1ssim. 

[42] En 1841, el gobierno de Chile solicitó que continuara esta costumbre, indicando con esto que se había iniciado antes. De Walpole a Palmerston, Valparaíso, 30 de mayo de 1841. F. O. 16/43. Privado.

[43] C. W. Centner, “Relaciones comerciales de Gran Bretaña con Chile, 1810-1830, Revista Chilena de Historia y Geografía (de aquí en adelante (RCEG), N9 103~(1943), p. 106.

[44] J. A. Cibbs, The History of Antony and Dorothea Gíbbs and the early years of Antony Gibbs and Son (Londres, 1922), pp. 393‑4. Ver también R. A. Humphreys, “British Merchants and South American Independence”, Proceedina3 of the British Acadeiny LI (1965), pp. 16-64.

[45] Ver B. Vicuña Mackenna, Los primeros ingleses en Valparaíso, 1817-1827 (Valparaíso, 1884), y D. Amunátegui Solar, “El origen del comercio inglés en Chile”, RCHG, N9 103 (1943), pp. 83‑95. Algunos de éstos fueron William Blest, John Walker y David Ross. George Edwards, fundador de una de las familias anglo‑chilenas más importantes de la historia de Chile, llegó a Chile en la última etapa del colonato. V. Figueroa, Diccionario histórico y biográfico de Chile (5 vols. en 4, Santiago, 1926.35), 111, 16. Otras dos fuentes útiles sobre los súbditos británicos en Chile son P. P. Figueroa, Diccionario biográfico de extranjeros en Chile (Santiago, 1900) y “Quién Sabe” (seud. C. F. Hillmam), “Old Timers”. British and Arnericans in Chile (Santiago, 1900). 

[46]  R. A. Humphreys, British Consular Report3 on the Trade and Politics of Latin 2,,meríca, 1824‑26 (Royal Historical Society, Caraden Third Series, LXIII  Londres, 1940), p. 94, nota 1.

 

[47] Return of Trade of Valparaíso for 1840, incluido en De Walpole a Palmerston, Valparaíso, 17 de mayo de 1841. F.O. 16/43. N” 11. Diplomático.

[48] Porcentajes calculados de cifras de Martner, Estudio de la política comercial, 1, 299, y 11, 351‑2. Respecto al comercio colonial británico con Chile, ver T. W. Keeble, Comercial  Relations between British Overseas Territories and South Anwrica, 1806‑1914 (Londres, Institute of Latin American Studies ,Monographs N9 3, 1970), pássim

[49] Humphreys, Consular Reports loc. cit.

[50] Anexo del Cónsul Thornson a Lord John Russell, Santiago, 5 de junio de 1861. F.O. 161117. N9 45. Diplomático.

[51] The South American Journal, 5 de mayo de 1882.

[52] Ver Sinopsis estadística de la República de Chile, año 1923 (Santiago, 1924), P. 9. 

[53] En relación con este tema, ver M. Jefferson, Recent Colonisation in Chile (Nueva York, American Geographical Society, 1921 ), pp. 19‑28; 31‑5

[54] Citado en R. A. Humphreys, “Anglo‑American Rivalries and Spanish-American Emancipation», Transactions of the Royal Historial Society, 5ª  serie, vol. 16 (1966), P. 146.

[55]  W. E. Curtis, Capitals of Spanish America  (Nueva Vork, 1888), p. 454.

 

[56] T. E. Nichols, “The Establishment of Political Relations between Chile and Great Britain”, HAHR, XXVIII (1948), p. 141.

[57] D. Barros Arana, Historia Jeneral de Chile (16 vols., Santiago, 18841902), XVI, 160.

[58] El texto se puede encontrar en British and Foreign State Papers, XLIV (1854), PP. 47‑62.

[59] Nichols, loc. cit., p. 143.

[60] W. Maude, Antony Gibbs and Sons Limited. Merchants and Bankers, 1808‑1958 (Londres, 1958), pp. 17 ss.

[61] Wallis Hunt, Heirs of Great Adventure. The, History of Balfour, Williamson and Company Limited (2 vols.), Londres, 1951, 1, pp. 15 ss.

 

[62] No se ha publicado una historia de Duncan, Fox y Compañía, sino un documento mecanografiado, Short History of Duncan, Fox and Co. Ltd., 1843-18563. obra de E. E. Davies que está guardada en la oficina central de la Compañía. Estoy agradecido al señor J. V. Callagher, ex presidente, por darme la oportunidad de leer este trabajo.

[63] Ver C. W. Centner, “Great Britain and Chilean Mining, 1830‑1914″, Economic History Review, XII (1942), PP. 77‑8, y también Isaiah Bowman Desert Trai1s of Atacama (Nueva York, American Geographical Society, 1924),180‑5. Versión española. Los senderos del Desierto de Atacama (Stgo., 1942)

[64] Charles Darwin, The Voyage of the Beagle (Londres, Dent’s Everyman edition, 1960), pp. 247‑48, anota una entretenida entrevista con uno de los mineros de Cornualles.

[65] Del Cónsul General Drummond Hay al Earl de Granville, Valparaíso, 27 de abril de 1883, F.O. 16/224. Nº 2. Comercial.

[66] Centner, loc. cit., p. 77.

 

[67] Sepúlveda, “El trigo chileno”, pp. 45 ss.

[68] Además había, por supuesto, tenedores británicos de bonos, quienes habían suscrito préstamos al gobierno chileno emitidos en Londres. Hacia 1875, la cantidad involucrada a la par era de £ 9.820.700. J. F. Rippy, British In. vesitments en Latin America, 1822‑1949 (Hamden, Conn., 1966), p. 29.

 

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